LOS CIEN LENGUAJES DE LOS NIÑOS



Los 100 lenguajes nos reproducen distintas maneras, distintos modos de pensar, de expresar y comunicar el pensamiento. Los niños tienen 100 maneras de expresarnos como ven ellos el mundo y esto hay que potenciarlo.

No solo podemos expresarnos con la palabra, porque muchas veces pensamos que es la única manera que tenemos de comunicarnos. También existen otros medios como por ejemplo, los gestos, las miradas, las sonrisas, las posturas, los silencios y no podemos dejar de lado, los ritmos, los juegos, los colores…


Cuando Loris Malaguzzi habla de los 100 lenguajes de los niños, también habla de de la integración y la interrelación de los lenguajes.

Los adultos y los niños, tenemos múltiples lenguajes para poder representar ideas, hacernos preguntas, dudas… y todo esto no hay que dejarlo de lado, sino que hay que potenciarlo

Tenemos diferentes maneras de representarnos el mundo y lo que pretende Malaguzzi es que el adulto reconozca y valore las distintas maneras que tiene el niño de expresarse y comunicarse. Por esta razón, escuchar da significado al mensaje y valor a la persona que lo da.


Es por ellos que hay que valorar las diferentes formas que tiene un niño de comunicarse y las maestras que sigan la pedagogía de Regio Emilia tienen que diseñar espacios donde los lenguajes se empleen y se expresen de manera recíproca y complementaria.

Aquí dejamos un poema de Malaguzzi, que explica toda esta filosofía de los 100 lenguajes.


El niño está hecho de cien.

El niño posee cien lenguas
cien manos, cien pensamientos
cien formas de pensar, de jugar y de hablar.

Cien siempre cien,

maneras de escuchar,
de sorprender y de amar,
cien alegrías para cantar y entender
cien mundos para descubrir
cien mundos para inventar
cien mundos para soñar.

El niño tiene cien lenguajes

(y más de cien, cien, cien)
pero le roban noventa y nueve.

La escuela y la cultura

le separan la cabeza del cuerpo.

Le dicen que piense sin manos

que haga sin cabeza
que escuche y que no hable
que entienda sin alegrías
que ame y se maraville
sólo en Semana Santa y en Navidad.

Le dice:

que descubra el mundo que ya existe
y de cien le roban noventa y nueve.

Le dicen

que el juego y el trabajo,
la realidad y la fantasía,
la ciencia y la imaginación,
el cielo y la tierra,
la razón y el sueño,
son cosas que no están juntas.

De hecho le dicen

que el cien no existe.

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